En medio del estrés que provocan las últimas semanas para cerrar el ciclo de clases, varios compañeros ser reúnen por simple costumbre de agruparse con los mismos de siempre, en el lugar de siempre, como vacas que caminan juntas hacia el matadero, resignadas de permanecer en el mismo sitio durante hora y media.

La recreación de hablar sobre los problemas o soluciones de los “otros” de alguna forma resulta gratificante. Es una terapia colectiva, tratando de comprender cuál es el verdadero problema, claro, siempre de los “otros”. Como comenté hace mucho tiempo ya, uno de los problemas que experimentamos como individuos es que no hacemos introspección sobre los errores, porque siempre andamos buscando cuáles son los problemas y las soluciones de los “otros”.

Para mi sorpresa, está semana una de mis compañeras me llamó emocionada, para que me incorporara a la conversación que estaban teniendo con otras compañeras de clase sobre sexo. Cuando me acerque, noté la cara de asustada que tenía una de ellas, recibiendo el sermón de otras tres, sobre el uso de anticonceptivos, los embarazos no deseados, la moral y le ética.

Resulta que mi compañera “acusada” estaba iniciando sus relaciones sexuales y mis otras compañeras “acusadoras” la estaban instruyendo sobre el buen uso de los anticonceptivos ellas declaraban a viva voz que: “esto no es un juego”, “vos, tenes que cuidarte”, “no podes confiar sólo en el condón”, “yo durante 8 meses no use nada, hasta que tuve un gran susto”, “la pastilla del día después es un aborto”, “ni se te ocurra usar la pastilla, va en contra de la iglesia”…

Mi compañera que tímidamente había anunciado su iniciación en un mundo conocido por la mayoría, como respuesta recibió una descarga de paradigmas, esquemas sociales y por si fuera poco, un repertorio de un sin fin de recomendaciones entre morales e hipócritas sobre lo que debía y no debía hacer con su vida a partir de ahora. Todo esto, a mi parecer, con una proyección individual y sobre todo con gran ignorancia sobre el tema.

Muchas de las supuestas respuestas que mi compañera “acusada” buscaba, estaban cargadas de grandes mitos sobre la sexualidad, los métodos anticonceptivos y el cuidado de su propio cuerpo a partir de ahora. Era una mezcla de consejos con buenas intensiones, pero para mi sorpresa una gran desinformación al respecto. Muchas de las afirmaciones estaban cargadas de “como dicen las abuelitas”, “como dice mi mamá”, “yo tengo una amiga que le paso”…

Esto me hace pensar de qué sirve la educación académica en estás mujeres, si aún carecen de educación sexual. En realidad la diferencia entre una mujer analfabeta, de clase baja y del área rural no se diferencia de estás mujeres Universitarias, de la élite, de la capital. Cómo es posible que el tabú sobre el sexo y los mitos sobre el mismo, sigan reproduciendo a pesar de la facilidad que tenemos para conseguir información científica y más certera al respecto.